El tourbillon: el invento de Breguet contra la gravedad
En 1801, Abraham-Louis Breguet patentó una jaula giratoria para corregir los errores de los relojes de bolsillo. Dos siglos después es el emblema de la alta relojería, aunque su utilidad en la muñeca sigue en discusión.
El 26 de junio de 1801, en plena Francia napoleónica, Abraham-Louis Breguet obtuvo la patente de un mecanismo al que llamó tourbillon, torbellino. El nombre describe bien lo que se ve: una pequeña jaula que gira sobre sí misma, sin detenerse, dentro del reloj.
Para entender por qué alguien querría hacer girar el corazón de un reloj, conviene empezar por el problema que Breguet intentaba resolver.
El problema: la gravedad
Un reloj mecánico mide el tiempo gracias a un volante, una pequeña rueda que oscila de un lado a otro a ritmo constante, impulsada por un resorte muy fino llamado espiral. Si ese vaivén es regular, el reloj es preciso.
Pero ninguna pieza es perfecta. Si el volante pesa un poco más de un lado, o si la espiral no está perfectamente centrada, la gravedad tira de ese desequilibrio y altera el ritmo. En un reloj de bolsillo, que pasa buena parte del día en posición vertical dentro del chaleco, el error se acumula siempre en el mismo sentido.
La solución: girar el error
La idea de Breguet fue colocar el volante, la espiral y el escape dentro de una jaula que da una vuelta completa, habitualmente una por minuto. Así, el defecto que hacía adelantar el reloj en una posición lo hace atrasar media vuelta después. Los errores no desaparecen: se compensan entre sí.
No corrige la imperfección; la reparte de manera que se anule.
Fabricar un tourbillon era, y sigue siendo, extraordinariamente difícil. La jaula debe ser ligera, porque cualquier gramo de más consume la energía del muelle, y a la vez rígida y perfectamente equilibrada. Breguet produjo muy pocos.
Del bolsillo a la muñeca
El reloj de pulsera cambió las condiciones del problema. En la muñeca, el reloj no permanece en una sola posición: se inclina, gira y se mueve todo el día, de modo que la gravedad ya actúa desde ángulos distintos de forma natural.
Por eso los relojeros discuten desde hace décadas si un tourbillon mejora de forma apreciable la precisión de un reloj de pulsera. Algunos incluso cuestionan cuánto aportaba en los relojes de bolsillo de su época, cuyos errores podían deberse a otras causas. Lo que no se discute es su valor como demostración de oficio.
Durante buena parte del siglo XX fue una rareza en relojes de pulsera, fabricada en cantidades mínimas. En 1986, Audemars Piguet presentó el calibre 2870, el primer reloj de pulsera automático con tourbillon. A partir de entonces, el mecanismo se convirtió en la complicación de prestigio por excelencia.
Variantes que conviene reconocer
- Tourbillon clásico. La jaula se sostiene con un puente por arriba y otro por abajo.
- Tourbillon volante. La jaula se sostiene por un solo lado, sin puente superior, lo que permite verla sin obstáculos. Lo diseñó Alfred Helwig en 1920.
- Tourbillon de rotación rápida o multieje. Algunas casas contemporáneas hacen girar la jaula más rápido que una vez por minuto, o sobre varios ejes a la vez.
Qué mirar si ve uno
Busque la abertura en la esfera, casi siempre a las seis. Si la jaula lleva una aguja o una marca, funciona como segundero: una vuelta, un minuto. Observe también el acabado de los puentes de la jaula: en las mejores piezas, cada superficie está pulida a mano, aunque sea casi invisible a simple vista.
Hoy un tourbillon no es la manera más eficaz de lograr precisión; un buen reloj de cuarzo es mucho más exacto, y muchos relojes mecánicos certificados prescinden de él. Su sentido es otro: muestra, en movimiento y a la vista, hasta dónde puede llegar la mano del relojero.