Mecánico, automático o de cuarzo: qué hay dentro de cada reloj
Antes de elegir un reloj conviene saber qué lo hace funcionar. Tres tipos de movimiento, tres formas de medir el tiempo y una pregunta clave: ¿qué espera usted de su reloj?
Todo reloj necesita dos cosas: una fuente de energía y algo que oscile a un ritmo regular. La diferencia entre un reloj mecánico, uno automático y uno de cuarzo está en cómo resuelve cada uno esas dos necesidades. Al conjunto de piezas que lo hace se le llama movimiento o calibre.
El reloj mecánico de cuerda manual
La energía se guarda en el muelle real, una lámina de acero enrollada dentro de un pequeño tambor llamado barrilete. Al girar la corona, usted tensa ese muelle.
El muelle libera la energía poco a poco a través de un tren de engranajes. Si la soltara de golpe, se descargaría en segundos; lo impide el escape, un mecanismo que deja avanzar los engranajes a pequeños saltos regulares. El ritmo de esos saltos lo marca el volante, que oscila varias veces por segundo.
El sonido característico de un reloj mecánico es precisamente el del escape trabajando. Y el movimiento continuo del segundero, que avanza en saltos muy pequeños, es otra señal de identidad.
Lo que implica para usted: hay que darle cuerda con regularidad, normalmente cada día o cada dos días, según la reserva de marcha del modelo.
El reloj automático
Es un reloj mecánico con una pieza añadida: el rotor, una masa semicircular que gira libremente con los movimientos de la muñeca. Cada giro tensa el muelle real, de modo que el reloj se da cuerda solo mientras lo lleva puesto.
Si lo deja en un cajón, se detendrá cuando se agote la reserva de marcha, que en muchos modelos ronda entre uno y tres días. Basta con darle unas vueltas a la corona, si el calibre lo permite, o moverlo un poco para ponerlo en marcha de nuevo.
Lo que implica para usted: comodidad, siempre que lo use con frecuencia. Si alterna varios relojes, tendrá que ponerlo en hora cada vez.
El reloj de cuarzo
Aquí la energía viene de una pila, y la regularidad, de un pequeño cristal de cuarzo que, al recibir corriente, vibra exactamente 32 768 veces por segundo. Un circuito cuenta esas vibraciones y, cada segundo, envía un impulso a un pequeño motor que mueve las agujas.
El primer reloj de pulsera de cuarzo comercial, el Seiko Astron, salió a la venta en 1969. En pocos años, el cuarzo transformó la industria: era más preciso y mucho más barato de producir.
Lo que implica para usted: precisión muy superior a la de un mecánico y casi ningún mantenimiento, salvo el cambio de pila cada pocos años.
Comparación rápida
| Mecánico manual | Automático | Cuarzo | |
|---|---|---|---|
| Energía | Usted, con la corona | El movimiento de su muñeca | Una pila |
| Precisión típica | Segundos por día | Segundos por día | Segundos por mes |
| Mantenimiento | Revisión periódica | Revisión periódica | Cambio de pila |
| Segundero | Avance continuo | Avance continuo | Un salto por segundo |
Entonces, ¿cuál elegir?
Si lo que busca es una herramienta precisa y despreocupada, el cuarzo gana sin discusión. Si le atrae la idea de llevar una pequeña máquina que funciona sin electrónica, con piezas que puede ver a través de un fondo transparente, el mecánico o el automático tienen un atractivo que ningún argumento técnico explica del todo.
No hay una opción mejor en abstracto. Hay la que se ajusta a cómo usará el reloj.